Newsletter 190 – 24.07.2025
Cuando se analizan las economías de un país, la fruticultura suele incluirse por su aporte a la producción, exportación y generación de empleo. Sin embargo, existen muchos otros factores de gran relevancia que este sector aporta al bienestar de la comunidad y del país, los cuales son en general ignorados o poco conocidos. Estos aspectos, tanto económicos como sociales, deberían ser considerados para otorgarle al sector la verdadera importancia que merece en la sociedad.
Generación de empleo directo e indirecto
No cabe duda de que la fruticultura es una de las actividades que más empleo genera, superando ampliamente a otras actividades agrícolas, industriales o comerciales. Según un reciente trabajo de Conicet-INTA: “Aproximadamente 1.000 has de frutas generan empleo para 1.000 personas” “Es la segunda actividad que cuenta con más ocupados después del algodón” “Un pequeño a mediano productor da trabajo a por lo menos 2 familias cada 10 has. En soja se necesitan 2 personas por establecimiento”. A este empleo directo, se suma el indirecto que se genera por las actividades secundarias, como es la producción de insumos (riego, mallas, agroquímicos, material de embalaje), el transporte, la logística y la comercialización. En las zonas frutícolas una buena o mala cosecha repercute en toda la economía de la región.
Mano de obra: fortaleza y debilidad
La necesidad de una gran cantidad de trabajadores, que es una fortalece del sector, es a su vez su principal debilidad. Cada vez es más complejo y difícil gestionar a tantos trabajadores. La fruticultura ha dejado ser una actividad atractiva para trabajar, reduciéndose las personas dispuestas a pasar el día al aire libre, con pocos servicios y haciendo una actividad física. A esto se suman los trabajadores golondrinas, los cuales tiene su problemática propia. Esta situación, común a nivel mundial, ha impulsado la búsqueda de mayor tecnificación de las labores que reemplacen o reduzcan la mano de obra. El costo laboral y la forma en que cada región o país aborda esta cuestión son factores decisivos para determinar su éxito o fracaso en la producción frutícolas.
Desarrollo territorial equitativo
La fruticultura, en su mayoría, es llevada a cabo por pequeñas y medianas empresas; las grandes, multinacionales son la minoría. Esto convierte a la actividad en una fuente de inclusión laboral y social, promoviendo asentamientos familiares, demandando servicios como educación, salud y transporte.
La dedicación y cuidado que pone el productor, propietario de la finca, resultan fundamentales para obtener frutas de calidad. De hecho, las mejores frutas provienen des emprendimientos medianos, manejados por sus dueños. El fruticultor vive con pasión su labor y, con orgullo, considera que no hay fruta en el mundo mejor que la suya.
No solo la producción, sino también el comercio se presenta muy diversificado. Son muchas las empresas, la mayoría medianas, que participan. Las grandes multinacionales son las menos.
Fruta como Símbolo
La fruta es un producto agrícola que conecta fácilmente con la gente y genera emociones positivas. Es atractiva, colorida, atrae la atención, hay para todos los gustos y épocas del año, incluso hay cierto romanticismo. En muchas culturas simboliza abundancia, fertilidad y generosidad de la naturaleza. Por eso, se la utiliza frecuentemente en campañas publicitarias, ya que capta mejor la atención que otros productos agrícolas. Por ejemplo, no es lo mismo publicitar una galletita con un grano de centeno, que con una manzana. Asimismo, en campañas que alertan sobre el peligro del uso de agroquímico, es común que se utilicen imágenes de frutas, aunque no sean el cultivo involucrado, por su mayor impacto visual.
También es frecuente que la fruta sea símbolo de identidad regional. La población se siente en general orgullosa de sus productos frutales. Por ejemplo, asociar al Valle del Rio Negro con las manzanas o la localidad de Los Antiguos con las cerezas, es mucho más atractivo que asociarla con otra actividad, como es por ejemplo la minería.
Fruta es Salud
En Argentina el consumo de frutas muestra una preocupante tendencia a la baja, descendiendo de 51 a 46 kg/hab/año, la mitad de lo recomendado por la Asociación Mundial de la Salud (100 kg/hab/año). Esta evolución coincide con un deterioro general en la calidad de la alimentación y el aumento de enfermedades asociadas, como es la obesidad, diabetes, colesterol alto, hipertensión y ciertos tipos de cáncer. Esto ha encendido las alarmas de los gobiernos, que han comenzado a implementar políticas para enfrentar la “pandemia del exceso de peso”, aunque por ahora con resultados pobres.
Fomentar el consumo de fruta debería ser una política de estado. Además de impulsar el desarrollo de una región, mejoraría la salud de la población y representativo un ahorro significativo del gasto público destinado a salud y seguridad social. También se reducirían las ausencias en el trabajo por motivos de salud, mejorando la calidad de vida de toda la sociedad.
Por lo cual, al analizar una región, no basta con observar los datos económicos directos; es indispensable considerar el impacto global que los diversos aspectos tienen en el bienestar y desarrollo del país.